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Los grandes pasos de los Alpes, los dulces perfiles de las colinas, la vasta planicie, hacen de esta región un extraordinario lugar de encuentro de historia, tradición e industria.  |
Una región que abarca la espectacular cordillera de los Alpes occidentales
– como los macisos del Monte Blanco, Monte Rosa y Monte Cervino –
la parte inicial de la planicie del Río Pó y sus afluentes,
y un amplio radio que desde Cuneo hasta Turin y Novara, delimita una espléndida
área de colinas: Langhe y Monferrato. Son numerosos los lagos, muchos
de origen glaciar, siendo el más extenso el Lago Maggiore, divisa
de la región Lombardia y el Lago de Orta, en la provincia de Novara.
El Piamonte es una tierra de tradiciones campesinas, con amplios arrozales
en las planicies, viñedos en las colinas y las montañas cubiertas
de bosques que ofrecen ricos pastos. |
Como siempre los caprichos de la geografía, dictaron aquí
también el desarrollo de la región, y así se comprende
porque esas áreas de las planicies tuvieron un progreso ininterrumpido,
mientras los valles en las colinas y en las montañas, por estar más
aislados, quedaron alejados y apegados a sus tradiciones.
El hecho que la potencia de Roma haya podido penetrar también en
esos escarpados valles está avalado por los restos arqueológicos,
sobre todo en ciudades como Turín y Susa.
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Sin embargo el primer gran período de urbanización sucedió
en la Edad Media. El Piamonte conserva de esa época una extraordinaria
variedad de ejemplos: dos recintos fortificados usados como defensa contra
las incursiones de los Candelo y muchos otros, encontrados solo en esta
región, centros antiguos, algunos de ellos muy conocidos como Avigliana,
otros de menor importancia pero asimismo significativos, como Ceva, Visone,
Carmagnola, Cuorgne, caracterizados por residencias con pórticos
bajos y construcciones simples a veces toscas.
Es importante hacer notar en el Piamonte, el nacimiento de nuevas ciudades
medievales (Siglos XI – XIII) reconocidas frecuentemente con nombres
como Linnanova, Villafranca, Castelfranco, todas ellas presentan el mismo
trazado de calles perpendiculares, con una calle principal o una plaza (como
en Crescentino), o dotadas de pórticos (como en Borgomanero y Nizza
Monferrato).
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La Edad Media fue también la época de la difusión de
los castillo, que se distribuyeron en decenas por los rincones del Piamonte,
y muchas veces dieron origen a aldeas a su alrededor.
Un segundo período de oro en la urbanística del Piamonte se
sitúa entre los años 1500 y 1600, época en que los
arquitectos de la noble casa de Castellamonte remodelaron repetidamente
el centro de Turín, con su trazado de calles en líneas rectas,
herencia de los romanos que desde la dominación hecha por las tribus
allí establecidas de los Galos Taurinos, la fundaran como campamento
militar con el nombre de Augusta Taurinorum. |
Al mismo tiempo se reconstruyeron numerosas murallas, para adaptarlas a
la introducción de las armas de fuego. Este colosal emprendimiento
se realizó en Cherasco, Casale Monferrato, Cuneo, Novara, Vercelli,
etc. que se transformaron de este modo en poderosas ciudadelas fortificadas.
También se fortificaron los límites, fundamentales para los
pasos en la región, algunos de los cuales se hicieron también
con murallas, como es el caso de Vinadio en el Valle de Stura y Fenestrelle
en el Valle de Chisone y en otros casos a través de grandiosas fortalezas
aisladas como lo fue el caso e Exilles en el Valle de Susa. |
Es el triunfo del barroco, una época extraordinaria de la arquitectura
piamontesa representada por algunos de los más creativos arquitectos
italianos, entre los cuales se destaca Filippo Juvarra, que dejaron obras
maestras en Superga, Mondoví, Biella, Saluzzo y Bra. Del mismo período
es la novedad – típicamente barroca – de los Montes Sagrados
( que en Italia se encuentran en Piamonte y Lombardía) y son complejos
formados por muchas capillas cuyo proyecto consideraba el paisajismo local
y que se encuentran en Orta, Arona (este está sin terminar), Crea
y Varallo.
El período del 1800 y 1900 trajo nuevas exigencias como el de concentrar
las masas obreras cerca de los lugares de trabajo, tanto agrícola
como industrial, como es el caso de la villa obrera de Collegno en Domodossola.
A su vez, las aldeas en los valles enclavados en los Alpes, mantuvieron
un padrón autónomo de desarrollo, pudiéndose afirmar
que cada valle aportó su propio modo de construir. Encontramos así
las casas decoradas con pinturas del Valle de Vigezzo o de los Valles en
la provincia de Cuneo. Aquellas con más movimiento del Valle de Chiusella,
las casas construidas completamente en piedras del Valle de Pellice o de
madera en el Valle Vinadio. |
Entre la gran cantidad de aldeas de cada valle, sugerimos conocer al menos
Vogogna, Craveggia, Alagna Valsesia y Varallo; por lo que se refiere a casos
de arquitectura autóctona una consideración aparte merece
la Isla de los Pescadores en el Lago Maggiore.
Finalmente no podemos olvidar la experiencia única del Centro Olivetti
de Ivrea, un cuadro de nuestro tiempo e interpretación moderna de
las villas obreras del pasado. |
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