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Martes, 7 de Setiembre de 2010
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Los grandes pasos de los Alpes, los dulces perfiles de las colinas, la vasta planicie, hacen de esta región un extraordinario lugar de encuentro de historia, tradición e industria.
Una región que abarca la espectacular cordillera de los Alpes occidentales – como los macisos del Monte Blanco, Monte Rosa y Monte Cervino – la parte inicial de la planicie del Río Pó y sus afluentes, y un amplio radio que desde Cuneo hasta Turin y Novara, delimita una espléndida área de colinas: Langhe y Monferrato. Son numerosos los lagos, muchos de origen glaciar, siendo el más extenso el Lago Maggiore, divisa de la región Lombardia y el Lago de Orta, en la provincia de Novara.

El Piamonte es una tierra de tradiciones campesinas, con amplios arrozales en las planicies, viñedos en las colinas y las montañas cubiertas de bosques que ofrecen ricos pastos.

Como siempre los caprichos de la geografía, dictaron aquí también el desarrollo de la región, y así se comprende porque esas áreas de las planicies tuvieron un progreso ininterrumpido, mientras los valles en las colinas y en las montañas, por estar más aislados, quedaron alejados y apegados a sus tradiciones.

El hecho que la potencia de Roma haya podido penetrar también en esos escarpados valles está avalado por los restos arqueológicos, sobre todo en ciudades como Turín y Susa.



 

 

Sin embargo el primer gran período de urbanización sucedió en la Edad Media. El Piamonte conserva de esa época una extraordinaria variedad de ejemplos: dos recintos fortificados usados como defensa contra las incursiones de los Candelo y muchos otros, encontrados solo en esta región, centros antiguos, algunos de ellos muy conocidos como Avigliana, otros de menor importancia pero asimismo significativos, como Ceva, Visone, Carmagnola, Cuorgne, caracterizados por residencias con pórticos bajos y construcciones simples a veces toscas.

Es importante hacer notar en el Piamonte, el nacimiento de nuevas ciudades medievales (Siglos XI – XIII) reconocidas frecuentemente con nombres como Linnanova, Villafranca, Castelfranco, todas ellas presentan el mismo trazado de calles perpendiculares, con una calle principal o una plaza (como en Crescentino), o dotadas de pórticos (como en Borgomanero y Nizza Monferrato).

La Edad Media fue también la época de la difusión de los castillo, que se distribuyeron en decenas por los rincones del Piamonte, y muchas veces dieron origen a aldeas a su alrededor.

Un segundo período de oro en la urbanística del Piamonte se sitúa entre los años 1500 y 1600, época en que los arquitectos de la noble casa de Castellamonte remodelaron repetidamente el centro de Turín, con su trazado de calles en líneas rectas, herencia de los romanos que desde la dominación hecha por las tribus allí establecidas de los Galos Taurinos, la fundaran como campamento militar con el nombre de Augusta Taurinorum.

Al mismo tiempo se reconstruyeron numerosas murallas, para adaptarlas a la introducción de las armas de fuego. Este colosal emprendimiento se realizó en Cherasco, Casale Monferrato, Cuneo, Novara, Vercelli, etc. que se transformaron de este modo en poderosas ciudadelas fortificadas.

También se fortificaron los límites, fundamentales para los pasos en la región, algunos de los cuales se hicieron también con murallas, como es el caso de Vinadio en el Valle de Stura y Fenestrelle en el Valle de Chisone y en otros casos a través de grandiosas fortalezas aisladas como lo fue el caso e Exilles en el Valle de Susa.

Es el triunfo del barroco, una época extraordinaria de la arquitectura piamontesa representada por algunos de los más creativos arquitectos italianos, entre los cuales se destaca Filippo Juvarra, que dejaron obras maestras en Superga, Mondoví, Biella, Saluzzo y Bra. Del mismo período es la novedad – típicamente barroca – de los Montes Sagrados ( que en Italia se encuentran en Piamonte y Lombardía) y son complejos formados por muchas capillas cuyo proyecto consideraba el paisajismo local y que se encuentran en Orta, Arona (este está sin terminar), Crea y Varallo.

El período del 1800 y 1900 trajo nuevas exigencias como el de concentrar las masas obreras cerca de los lugares de trabajo, tanto agrícola como industrial, como es el caso de la villa obrera de Collegno en Domodossola.

A su vez, las aldeas en los valles enclavados en los Alpes, mantuvieron un padrón autónomo de desarrollo, pudiéndose afirmar que cada valle aportó su propio modo de construir. Encontramos así las casas decoradas con pinturas del Valle de Vigezzo o de los Valles en la provincia de Cuneo. Aquellas con más movimiento del Valle de Chiusella, las casas construidas completamente en piedras del Valle de Pellice o de madera en el Valle Vinadio.

Entre la gran cantidad de aldeas de cada valle, sugerimos conocer al menos Vogogna, Craveggia, Alagna Valsesia y Varallo; por lo que se refiere a casos de arquitectura autóctona una consideración aparte merece la Isla de los Pescadores en el Lago Maggiore.

Finalmente no podemos olvidar la experiencia única del Centro Olivetti de Ivrea, un cuadro de nuestro tiempo e interpretación moderna de las villas obreras del pasado.
 
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