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Largos siglos de aislamiento hicieron de esta isla – la segunda
del Mediterráneo – una región cerrada, reservada y muy
ligada a las tradiciones.
La isla de Cerdeña constituye un caso especial en la historia de
las Regiones Italianas. Por su distancia del continente esta gran isla desarrolló,
de hecho, una civilización completamente autónoma. Sus habitantes
parecen haber escogido históricamente este aislamiento: estos en
vez de mostrarse como un pueblo de navegantes, como podría sucederle
a un pueblo que vive en una isla, fueron siempre un pueblo de agricultores
y pastores. Desde el mar llegaron los navegantes y conquistadores extranjeros:
fenicios, romanos, vándalos, árabes, genoveses y españoles.
Los Sardos retirándose de las costas para huir de los extranjeros,
se refugiaban en el interior de la isla, un territorio irregular y montañoso
difícil de recorrer y penetrar.
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Los Sardos desarrollaron de este modo una fuerte cultura autónoma
y la pudieron conservar más fácilmente. Los fuertes vínculos
a sus costumbres y tradiciones populares hoy se mantienen vivos como en
ninguna otra región italiana. Se usan todavía los antiguos
dialectos y siempre es activa la producción artesanal de alfombras,
cestos, cerámicas, tejidos y bordados, actividades típicas
de un pueblo de pastores y agricultores. Parecería que los Sardos
nunca se preocuparan por construir sus pueblos o planificarlos, o darles
a estos centros urbanos un estilo de arquitectura con características
propias.
Los fenómenos más característicos son de origen externos,
como la arquitectura románica, que es de tipo Pisano y los edificios
renacentistas en la mayoría de las veces de la escuela aragonesa.
La cultura típica de esta isla, la única autóctona,
es la de una civilización que parece resumir muchas de las características
de la cultura de Cerdeña, inmersa en antigüedades, entre historia
y misterio y de esta forma constituye un fenómeno original sin comparación.
Los vestigios de esa sociedad antigua, construcciones muy sólidas
y primitivas, están diseminados por toda la región, en millares
de ejemplos, aún en localidades de difícil acceso..
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Es sorprendente poder descubrir centros antiguos en el interior de una región
que tuvo la posibilidad de permanecer inmune a las grandes transformaciones.
Los centros históricos, de hecho, son todos de origen extranjero
y casi todos se encuentran sobre la costa: Castelsardo es genovés,
Alghero es genovés, después Catalao, Iglesias es Pisana, Bosa
tuvo la influencia de los españoles y Carloforte fue fundada por
los Savoya. A la cultura insular pertenecen solamente, y solamente en parte,
el centro antiguo del Templo Pausania. De origen extranjero, son también
algunas aldeas menores, como Balde Salighes, pequeño pueblito agrícola
fundado en el siglo pasado por un inglés (y actualmente muy transformado)
donde el primer plano regulador utilizado de acuerdo al más simple
de los modelos, es el mismo utilizado por todos los colonizadores con calles
perpendiculares. Un modelo aplicado entre los siglos XVIII y XIX para la
expansión de Calasseta y Santa Teresa de Gallura.
Del mismo período es la sistematización del centro de la Magdalena.
Las nuevas intervenciones urbanas en el siglo XX son muy interesantes: durante
el fascismo fueron fundadas Carbonia (1936-1938), ciudad dedicada a la minería
y Fertlla, ciudad agrícola. Un caso aparte en la historia del aislamiento
de la isla es Zuri, construida con un plano octogonal, en reemplazo de un
antiguo pueblo inundando por el lago artificial Omodeo. |
En los últimos decenios surgirán muchos pueblos turísticos,
algunos con dimensiones de ciudades, que urbanizarán las regiones
costeras.
La tradición Sarda se expresa a menudo en casos característicos
y primitivos siendo necesario buscar en Rebeccu, Desulo, Tonara, como las
típicas construcciones de madera, y también en Macomer, Oliena,
Ulassai, -Aritzo....Se pueden recordar también las cabañas
de los pescadores remodeladas para los turistas en San Giovanni in Sinio.
Por el resto los poblados son el producto de grandes y recientes expansiones
que resultaron en la formación de caseríos uniformes, dispuestos
sin planificación. La impresión que se tiene es la que se
tenía en el pasado de vida agrícola, cuando vivían
en cabañas, grutas o casas pequeñas para la vida agregada
en casas modernas en un corto espacio de tiempo que en este caso no consintieron
que se produjeran estratificaciones culturales lo que permitió la
coexistencia de ambos tipos. Así los poblados terminaron por asemejarse
y englobaron monumentos simples anónimamente, como vestigios de su
antiguo modo de vivir.
Una nueva forma de comunicación con los colores, con los cuales fueron
recientemente enriquecidos los poblados sardos, son los murales. Estas representaciones,
en las cuales se tratan generalmente temas políticos, se pueden hoy
apreciar en los murales de Orgosolo y en los de San Sperate, que son obras
de pintores locales y de pintores de fama. |
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