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Puente entre occidente y Africa del Norte, la isla de Sicilia, abierta en los
siglos a las grandes civilizaciones del Mediterráneo, reúne en forma
admirable naturaleza y arte.  |
Situada casi en el centro del Mar Mediterráneo y al mismo tiempo
separada del continente por el estrecho de Messina, la isla de Sicilia reflejó
siempre en su cultura y tradiciones, la doble característica de su
posición geográfica: independiente pero al mismo tiempo ligada
estrechamente a Italia.
Llamada antiguamente Sicania o Trinacria, por su forma triangular, desde
el punto de vista físico Sicilia es un área en gran parte
montañosa, solo atravesada por la extensa planicie alrededor de Catania,
al este de la isla. |
Originalmente habitada por los Sicanos provenientes de la Península
Ibérica, y por los Siculos, de estirpe itálica, la isla mantuvo
desde la más remota antigüedad contactos con las más
grandes civilizaciones del Mediterráneo, especialmente con Grecia
y más tarde con los Fenicios y las poblaciones de Grecia, que en
ella encontraron nuevas áreas de expansión, fundando importantes
colonias de la llamada Magna Grecia. Con el estallido de la primer guerra
púnica (264-241 a.C) entre Cartago – con territorios en el
norte de Africa, en Sicilia y en Cerdeña y grandes intereses comerciales
en el Mediterráneo Occidental y en el extremo sur de la península
Ibérica – y Roma – que ya en esa época controlaba
cerca de la mitad de la península itálica ,directa o indirectamente,
por intermedio de la poderosa liga con sus aliados latinos – esta,
hasta entonces esencialmente agrícola, se volvió una potencia
naval y expulsó de Sicilia a los Cartagineses, primero (241 a.C)
y después (238 a.C) de Cerdeña y de Córcega, conquistando
así las primeras provincias de ultramar que pertenecieron al estado
romano por más de 700 años. Después de la caída
del Imperio (476 d.C) Sicilia fue invadida por los vándalos, godos
y Bizantinos hasta que en el siglo IX fue conquistada por los árabes
que la enriquecieron con la contribución de su refinada cultura.
Pero fue sobretodo la sucesiva dominación de los normandos (S. X
– XII), que establecieron su capital en Palermo, que se destacó
como un período de gran desarrollo tanto económico como cultural
y espiritual. Además bajo el Emperador Federico II de Suecia que,
por ser hijo de la reina Normanda Constancia de Altavilla, mantuvo la unidad
dinástica, Sicilia pasó a estrechar cada vez más los
lazos con el continente. Desafortunadamente las posteriores dinastías
perdieron todo rastro de gobierno iluminado: angiovinos, aragoneses y Borbones,
además de llevar la capital a Nápoles hicieron de sus reinados
una época de verdadera opresión lo que provocó muchas
revueltas populares. |
Los centros urbanos de fundación más antigua son hasta nuestros
días testimonio de la colonización griega: Siracusa, Segesta,
Selinunte y Agrigento, mantienen vivo el recuerdo de aquella era con sus
templos dóricos, muchas veces más imponentes que los de las
metrópolis mismas. Por el contrario no están tan bien conservados
los restos de la época romana y del bajo imperio. De hecho la única
obra digna de reconocimiento es la magnífica villa romana de la Plaza
Armerina ( III-IV d.C) decorada totalmente por magníficos mosaicos.
También los árabes dejaron pocos vestigios de su paso,
probablemente porque utilizaron materiales poco durables como la arcilla
y en el caso de muchas construcciones, como las mezquitas, fueron desvirtuadas
a lo largo del tiempo. Así, a parte de algunos rastros que quedaron
de casas, quedó intacto solo un complejo termal denominado los
Baños Arabes, formados por algunas habitaciones simples y una sala
central con arcos ojivales.
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La llegada de los Normando llevó al florecimiento de varias ciudades
grandes como la capital, Palermo, Monreal, Cefalú y Erice, todas
dotadas de majestuosas catedrales, erigidas en un estilo particular que
más tarde se denominó “árabe – normando”.
El régimen feudal, que comenzó a afirmarse en ese período,
llevó a los habitantes a abandonar el campo para concentrarse en
los alrededores de las ciudades de los feudales, generalmente ubicadas en
elevaciones de terreno: entre los centros que mejor han conservado esa fisonomía
medieval, tenemos Caccano e Mistretta, ambos dando la espalda a la costa
centro – septentrional de la isla.
Las innovaciones arquitectónicas del renacimiento tuvieron poca influencia
en Sicilia, que después de perder su posición de capital frente
a Nápoles, a esa altura ya estaba relegada a una posición
marginal |
La revitalización de la construcción sucedió en el
período barroco, cuando un extraordinario frenesí creativo
recorrió toda la región, transformándola en un verdadero
laboratorio urbanístico, donde fueron pensadas y puestas en práctica
nuevas soluciones arquitectónicas de palacios, iglesias, calles,
plazas y ciudades enteras. Sicilia fue así tomada por grandes obras
de renovación urbanísticas, que involucraron sobre todo a
los centros más importantes, pero también a algunos de los
más pequeños – muchos de ellos debido a la necesidad
de reconstruir ex novo barrios y ciudades enteras - arrasadas por el terremoto
de 1693. Lo mismo sucedió en los casos de Noto, Modica, Palazzolo
Acreide, Acireale, Ragusa y Buscemi, donde la reurbanización se debió
a exigencias predominantemente estéticas y representativas. Por otro
lado cuando en tiempos más recientes se repitió un fuerte
sismo que desbastó el Valle de Belice, en el extremo oeste de la
Isla, la obra de reconstrucción fue realizada sin tener en cuenta
el medio ambiente, haciendo que los poblados del valle como Calatafimi –
escenario de una de las primeras batallas de Garibaldi en la campaña
contra el Reino de las Dos Sicilias – Gibellina, Menfi, Montevago,
Poggioreale, Salemi, presenten hoy una urbanística rígida
y artificial porque está divorciada de la cultura y las tradiciones
locales.
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En general la imponente arquitectura de los años seiscientos se caracterizaba
por fuentes escenográficas, estatuas exageradamente ornamentadas,
artefactos en hierro fundido trabajado, las altas fachadas y torres de iglesias,
la dramática organización de los espacios que representan
el triunfo del barroco siciliano. Finalmente, siempre en los siglos XVI
y XVIII, el virreinado español promovió una basta campaña
de colonización rural, que llevó a fundar más de una
centena de villas agrícolas como,Niscemi, Pachino, Cefalá
Diana y Ramacco, entre otras. |
Un último e interesantísimo ejemplo de moda del 1600 y del
1700 son las villas suburbanas y los poblados de Bagheria (80 km. al este
de Palermo), un conglomerado de residencias nobles, que expresan un gusto
que va del barroco al neoclásico.
En esta breve exposición no podemos dejar de citar a otras localidades
que se destacan por sus plantas urbanas (como Scicli y Caltagirone), en
el que el trazado manifiesta el perfil de un águila; o por ser ejemplos
de un fenómeno meridional de ciudades rupestres, como Sperlinga;
o verdaderas ciudadelas sobre el mar, como Marsala – escenario de
desembarque de los garibaldinos en Sicilia – y Mazara del Vallo, ambas
en la costa sudoeste de la isla; o los lugares turísticos de inenarrable
belleza natural, como Taormina, en la costa este; o también Randazzo,
Nicosia, Petralia, Sciacca. Finalmente centros menores, pero igualmente
dignos de ser recordados por su interés histórico y urbanístico,
como Capizzi, Gangi, Isnello, Forza D’Agro, Naro. |
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