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Martes, 7 de Setiembre de 2010
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La región posiblemente mas visitada, extraordinariamente rica en obras de arte de todas las épocas, todavía guarda lugares de rara belleza, desconocidos para la mayoríª
El territorio de esta región está en gran parte formado por dulces colinas redondeadas, cubiertas por cipreses, con campos bien cultivados, casas de bella arquitectura y extraordinarios paisajes. Al norte, surge la cadena de los Apeninos; al oeste, su litoral es bañado por el Mar Tirreno; al paso que la parte meridional está separada solo administrativamente por el Alto Lácio, también llamada Túscia lacial, o Lácio etrusco. Su único río de importancia, el río Arno, corre en circunvalaciones desde la naciente rumbo al sur, cerca de Arezzo, volviéndose después para el norte hasta Florencia, y desde allí para el oeste.

Perfectamente integrados con este medio surgen los centros habitados, cuyas siluetas frecuentemente entrecortan el tope de las colinas, caracterizando un ambiente, construido por la mano del hombre, tan extraordinario como el natural: y que tanto en los centros mayores como en los menores, fue el escenario que inspiró toda la actividad artística que floreció en la región, y que es hoy igualmente célebre.

Ya en el siglo XI a.C., la Toscana fue unificada por los Etruscos, pueblo hasta hoy poco conocido, que ocupaba también parte de la vecina Umbria y el Lazio septentrional. Muchas fueron las ciudades por ellos fundadas, siempre en las cumbres, pero pocos son los restos arqueológicos, también por causa de las sucesivas reconstrucciones; al paso que nos llegaron intactas numerosas necrópolis. Son ciudades de origen etrusco: Arezzo, Cortona, Chiusi, Volterra y Fiesole, en el interior; y, en la costa, otras después decaídas y desaparecidas (Populonia, Vetulonia, Roselle).

Los Romanos, que conquistaron la región entre los siglos IV y III a.C., allí construyeron una extensa red vial, que incluía las rutas Aurélia, Cássia y Flamínia, manteniendo con vida los centros etruscos. También aquí son escasos los restos arqueológicos: las plantas urbanas y los anfiteatros – hoy ocupados por viviendas- de Florencia y Lucca; el anfiteatro de Volterra; además de algunos vestigios en Arezzo y Luni. Las ciudades de origen romana están concentradas en la parte septentrional, con el objetivo estratégico de controlar los pasos de los Apeninos y los pasos de los ríos.

Después de las invasiones de los Bárbaros (Siglo V d.C.), la región fue, primero, del ducado Longobardo y, después, de los francos (de 774), con capital en Lucca. Alrededor del 1100, la Toscana pertenecía a la familia de Canossa, junto con parte de Úmbria y los territorios de Reggio E., Modena, Mantova y Ferrara, siendo más tarde anexada al Reino de Italia.

Se desarrollaron así las autonomías comunales tanto que, en el inicio del siglo XIV, la región estaba dividida en muchas pequeñas señorías (Lucca, Pisa, Volterra, Massa, Sovana, Chiusi, Cortona...), entre las cuales luego sobresalió Florencia, que en aproximadamente un siglo unificó nuevamente a Toscana, con excepción de Lucca - que permaneció siempre independiente -, y Siena - después retornada en el siglo XVI.

En Florencia, en el final de 1300, el gobierno cambió de comunal para oligárquico, para pasar después bajo la señoría de los Médici que, con brevísimas interrupciones, permanecieron en el poder por más de tres siglos, de1430 a 1737: período en que coexistió despotismo y mecenazgo, crueldad y capacidad de reformas, pero que fue todavía uno de los más ricos en el florecimiento de las artes.

A los Medici, sucedió la señoría de los Lorena, que promovieron reformas y grandes obras de saneamiento hasta cuando, con la unificación, tuvieron que abandonarla, que en 1860 fue anexada al Reino de Italia.

En la edad Media (Siglo XI - inicio del XV), el territorio de la Toscana tomó su aspecto urbanístico actual. Atormentada orografía y las vicisitudes políticas contribuyeron al surgimiento de un padrón de ocupación territorial compuesto por muchos pequeños centros en las colinas, mientras que las principales ciudades se desarrollaron a lo largo de los ríos, o en el litoral. Además todo el territorio estaba punteado por fortalezas y castillos. En esta región se encontraron representadas todas las tipologías de ciudades medievales: de los centros en forma de lanza (Chianciano, Sarteano), aquellos acostados a lo largo de las cumbres (Fosdinovo, Montopoli, Colle Val d' Elsa); de los con planta circular (Gargonza), aquellos esparcidos por más cumbres (S. Gimignano).

Numerosos son también los centros de nueva fundación, por las principales ciudades, como puestos avanzados de defensa. Así de Siena dependían Torrita y Rigomagno, con planta regular; a Pisa, pertenecían Cascina, Scrofiano, Monteriggioni, S. Gimignano; mientras de Florencia dependían Castiglion Fiorentino, Scarperia, bien como tres centros proyectados sobre especiales reglas de diseño por Arnolfo di Cambio (1296-1299): S. Giovanni Valdarno, Terranuova Bracciolini e Castelfranco di Sopra.

Muchos son los centros con urbanística compleja, con núcleos alto-medievales sobrepuestos a ampliaciones posteriores (Lucignano, Monte S. Savino), o con modelos todavía más articulados.

Algunos centros tienen hasta una planta alegórica, como Montecarlo, cuya muralla proyecta el diseño de un águila agarrando su presa. Muchas otras son las figuras simbólicas que pueden ser detectadas en plantas pobladas, o en partes de ellas: basta pensar en la posición de los edificios en la plaza de los Milagros en Pisa, talvez inspirada en el movimiento las estrellas de la constelación de Aries, sobre cuya influencia estaba puesta la ciudad, o todavía, por el afán de las órdenes religiosas en posicionar sus iglesias en los vértices perfectos de triángulos equiláteros.

La confección de todos los poblados es siempre primorosa, para volverse de uso comunitario, de gran calidad. Los tipos de edificaciones son los más variados y complejos, como largo fue el intervalo de tiempo en que se originaron, desde el periodo románico hasta el gótico. Tenemos así simples casas de habitación, grandes palacios, casas-torres (como en S.Gimignano, Pisa, Vicopisano), en piedra y cal (Volterra),revocadas (Pescia o Barga), de ladrillos (Ciudad de la Pieve). Siempre muy cuidadas son las áreas publicas: desde espléndidas pavimentaciones diseñadas, en terracota o cerámica hasta las residencias diseminadas a lo largo de los palacios, los ganchos para agarrar los caballos, antorchas, flores, al proyecto de las escaleras. Calidad que permaneció en el tiempo y que permitió también a las construcciones posteriores integrarse con facilidad, principalmente los magníficos palacios (como en Cuidad de la Pieve, Montepulciano, S. Miniato).

Obviamente, todas ellas eran ciudades fortificadas, a veces por más de una fortificación, y frecuentemente presidiadas por torres y castillos.

Cada centro autónomo era de hecho una pequeña capital, con amplia dotaciones de espacios públicos. Las plazas están entre las más bellas y comerciales de Italia - basta recordar las de Montepulciano, Massa Marittima, S. Gimignano, Volterra, Sovana; o aquellas de centros más importantes como Siena, Florencia, Lucca. A su vez, los palacios comunales son un capítulo a parte de la historia de la arquitectura medieval: basta recordar aquella forma de Siena - con la innovación de la fachada en curva acompañando el arco de la plaza de Pálio -, o los de Volterra, Suvereto, Montalcino; o, todavía , aquellos ornados por brazos de armas (conforme un uso característico de la Toscana), de Certaldo, Pescia, Scarperia, Cutigliano.

Imponentes son también las catedrales, muchas veces pensadas para recibir al mismo tiempo todo el poblado, como en Florencia, Pistoia, Siena, Massa Marittima. Con el fin de la Edad Media, el desarrollo se restringió a las grandes ciudades y al litoral, preservando así muchos de estos centros, que nos legaron los más significativos ambientes románicos y góticos: los mundialmente famosos S. Gimignano, S. Miniato, Cortona -, y otros menos conocidos, pero también extraordinarios, como, sólo para recordar algunos, Massa M., Certaldo Alta, Abbadia S. Salvatore, Pitigliano.

Pero la lista de centros medievales que valen una visita es mucho más extensa: además de los ya citados:, es necesario recorrer los itinerarios desde la Alta Val d' Arno (Stia, Poppi, Bibbiena), la opulenta Valdichiana, al importantísimo histórico recorrido de la calle Francígena, uniendo Roma a los Alpes a través de Pontremoli, S. Giminiano, etc.; no descuidando también los centros menores, como Aulla, Campiglia, Sarteano, Vetulonia.

En la Toscana, más que en otros lugares, estuvo de hecho siempre presente una profunda sensibilidad para la arquitectura, que redundó en la mejor preservación de tan rico patrimonio, y que estableció sus raíces en la misma cultura que dio origen a la lengua italiana y propició el florecimiento de tantas corrientes artísticas, no obstante la restricción del medio.

Después de la efervescencia de la Edad Media, los emprendimientos urbanísticos fueron cada vez más escasos, pues la consolidada unidad del Estado impedía la fundación de nuevas ciudades, y la expansión de las existentes.

Por otro lado, con el inicio del 1500, se fue agotando el papel de Florencia como centro de actividad artística, substituida por Roma que, con el retorno del Papado de Avignon, estaba para asumir el papel y la fama de capital del mundo católico, para donde el mecenazgo de los Papas, de las órdenes religiosas y de la nobleza pasaron a atraer artistas de toda la Italia.

Así, las ideas urbanísticas escasearon, limitándose, a poner en orden partes de ciudades conforme a los nuevos cánones del Renacimiento; a la fortificación de las ciudades marítimas - en virtud de que la costa fue trasformada en la nueva frontera de el Estado unitario - ; y a una serie de obras de saneamiento del territorio. De esta forma, en Florencia se abre (Siglo. XV) la ruta de esclavos, llevando a la plaza de la SS. Annunziata, obra de Brunelleschi, y se originan los Uffizi, con la calle-plaza de Vasari (siglo .XVI); al paso que, en Pienza, el papa Pio II Piccolomini manda rediseñar a calle y la plaza principal por Rossellino (siglo. XV).
En mediados de 1500, se inician las grandes obras de Portoferraio y, poco después (1577), Buontalenti proyecta la planta de Livorno, la nueva muralla.

En este medio tiempo, como en otras regiones de Italia, el campo se llena de suntuosas mansiones: después las suburbanas de los Médici, las más importantes, con parques y jardines de extraordinaria belleza, pasan a ser aquellas en la región de Lucca (en Collodi, Camigliano, Segromigno).

Los últimos desarrollos de interés son las reformas de los Ochocientos, por obra de proyectistas, como Poggi en Florencia (plaza de Michelangelo), Poccianti en Livorno, y Nottolini en Lucca.

Las termas y balnearios tan comunes en la Toscana son a la vez iniciativas neoclásicas (Bagni di Lucca), o del eclecticismo (Montecatini e Viareggio, donde subsisten también edificios en estilo liberty); mientras, entre las iniciativas contemporáneas, un moderno enclave turístico fue construido en Punta Ala.
 
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