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Martes, 7 de Setiembre de 2010
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En una tierra impregnada por un soplo místico, viven numerosas ciudades históricas ricas de arte y de arquitectura, que convidan al descanso y a la meditación
Situada en el corazón de la península, la Úmbria es una de las regiones de mayor promulgación para el turismo cultural, por resguardar vivos e intactos los lugares del conocimiento medieval y humanístico. Este aspecto es todavía mas valorizado por la armoniosa relación con un paisaje dulce y meditativo, en gran parte formada por colinas cubiertas por cultivos y bosques, por olivos y viñedos: un escenario que dio fama a la Úmbria, e inspiró en los siglos sus artistas.

El sistema hidrográfico de la región tiene su centro en el río Tibre, que en este trecho corre en cascadas. Uno de sus afluentes, el río Nera, después la confluencia del río Velino, poco antes de Terni, forma la espectacular Cascada delle Marmore, la más alta de Italia: la cual, sorprendentemente, no es natural, pero sí el resultado del desvío del curso del Velino para el Nera, hecho por los Romanos para sanear la planicie pantanosa de Rieti, en el vecino Lacio. Otro record es el lago Trasimeno, que forma la más amplia cuenca de la Italia peninsular, y del cual ya en época romana fue derivado un desagüe artificial, en parte subterráneo, en el curso de los siglos repetidamente enterrado y reactivado.

El nombre "Umbria" deriva de la población que, junto con los Etruscos, ocupaba el territorio antes de la conquista romana, y de la cual tenemos pocas noticias históricas. En todo caso, esta denominación vino a desaparecer cuando la región fue englobada en el ducado Spoleto, instituido por los Longobardos y, más tarde, en el Estado de la Iglesia, reasumiendo su antiguo nombre solo después de la unificación de Italia, en 1861.

Algunas de las principales ciudades úmbras, como Perugia, Orvieto, Todi, Assisi y Spoleto, tienen origen muy antiguo, habiendo sido de importancia ya en la época de los Umbros y de los Etruscos. Después de la conquista romana, surgieron numerosos poblados, tanto con fines agrícolas (villa), que de defensa (vallum), principalmente a lo largo de la ruta Flamínia, cuyo trazado sigue los valles de los ríos Nera, Topino y Tibre: son ejemplos, Bevagna, Narni y Foligno..

A partir del siglo X iniciaban a ser fortificadas también las aldeas, junto con las cortes de origen católica. El fenómeno de la fortificación se intensificó en el transcurrir del siglo XIV cuando las Comunas, prósperas económicamente y culturalmente, pero cada vez más ávidas de poder, dieron inicio a un periodo de luchas sangrientas para el dominio de siempre mayores extensiones del territorio.

La tipología del castillo úmbro (entre los más significativos, Fossato, Tordibetto, Pantalla, Campello Alto...) es muy particular, consistiendo en micro-ciudades en el alto de las colinas, rodeadas por murallas y con finalidades esencialmente agrícolas.

Entre los diversos tipos de aldeas presentes en la región (de cumbre, de declive, de fondo valle, de planicie), prevalecen ampliamente los primeros, preferidos por el clima más ameno y salubre, además de mejor defendibles en caso de ataque. En contraste, debido al sistema de características de las tierras prevalecientes en la región, era significativa la parcela de la población que vivía aislada en pequeñas casas en el campo, muchas de ellas encimadas por una torre de observación cuadrada, llamada palomar (pombal).

Un gesto a parte merece el Valle Nerina, el valle del ya citado río Nera, en que varios poblados conservan el original aspecto medieval, como Ferentillo, Scheggino, Castel S. Felice, Triponzo (este, con singular zona triangular). Y de hecho, circundada por los ásperos montes de la zona de Spoleto, poco fértil y de difícil cultivo, el valle dell río Nera siempre permaneció al margen de la región, guardando así intactas las antiguas fincas, con sus torres y murallas. Aldeas con arquitectura nativa son también Stroncone, fundado en el siglo X por los monjes de la abadía de Farfa, y otros pequeños poblados del Apenino Úmbrico.

Las topologías urbanas más interesantes de la Umbria fueron dictadas por las formas de las colinas, o por la presencia de una o más rutas de gran comunicación. Al primer grupo pertenecen los pueblos sentenciados a la degradación (em degraus)), como Assisi y Gubbio; los del tipo la cascada, como Trevi y, en parte, Montefalco; y el tipo de huso, que se moldea en el meseta en que está situado, como Orvieto. Al segundo grupo pertenecían a la vez tanto los centros articulados según un trazado en estrella a lo largo de las dos o tres entradas (como Perugia, Todi, Ciudad de la Pieve), como los que se asientan a lo largo de una sola directriz, como Monteleone d'Orvieto, Ficulle y Baschi (este, pequeño pero bien conservado ambiente medieval en la provincia de Terni). Al recordar también otros poblados con planta en elipse típicamente alto-medievales, como Panicale y Montefalco, en el centro de la región, y S. Vito y ciudad de la Pieve, en la frontera con el Lacio, respectivamente la Toscana: zona, ésta, donde prevalece el uso de la terracota, en lugar de piedra como en el restante de la región.

La privilegiada posición geográfica entre el Lácio y Toscana – o sea, entre los dos principales polos artísticos de Roma y Florencia – hizo de la Úmbria una región extremamente vital en el campo de las artes figurativas, especialmente la pintura, de que fue la inexorable cuna de grandes talentos. De hecho, gracias principalmente a Giotto de Bondone y su magistral ciclo de frescos en la basílica de San Francisco de Assis - que, por el realismo y fuerza de sus figuras, representan una innovación estilística fundamental con relación a la tradición del gótico flameante -, la Úmbria adquirió un papel de primer plano en la pintura italiana del Trescientos, atrayendo para Assisi artistas de la más diversas escuelas, Tanto que, en el cuatrocientos, tomó cuerpo una especifica “escuela Umbra”, que tuvo como principales, maestros Perugino y Pinturicchio. También la arquitectura, a parte algunos vestigios de la época romana, como las puertas de Spello, los anfiteatros de Spello y de Gubbio, el templo de el Clitumno, vivió su más vibrante estación entre la Edad Media y el Renacimiento (a pesar de uno de los mayores arquitectos del neo-clasicismo italiano del Setecientos, el Piermarini, nació en Foligno, habiendo siempre practicado en otras regiones). Ejemplos muy significativos de arquitectura medieval son vistos en Perugia – en la ruta Bagliona, englobada por el castillo, en la ruta Volte y en la ruta Appia. En algunas ciudades, como Narmi y Trevi, prevalece la arquitectura romana caracterizada por edificios bajos, encuadrados, simplemente yuxtapuestos entre si; en otras, como Gubbio, la arquitectura es gótica - con casas-torres, edificios altos, y espacios públicos centrados en alguna simbología geométrica o astronómica.

Entre las numerosas iglesias de esta región mística, el gusto románico inspiró los duomos de Assisi y de Foligno, los claustros de las abadías de Sassovivo y de S. Pietro en Valle, además de muchas iglesias menores esparcidas por todas partes; mientras que el duomo de Orvieto y las basílicas de S. Francesco y de Santa Chiara, en Assisi, son joyas del estilo gótico.

La construcción civil floreció en los siglos. XIII y XIV, en paralelo al consolidarse las Comunas. De hecho, los palacios comunales de Úmbria - como aquellos de la vecina Toscana – son ejemplos del periodo de las grandes autonomías cívicas (Siglo. XII - XIV), caracterizando las ciudades como símbolos de libertad e independencia: entre los ejemplos más significativos, Todi, Orvieto, Gubbio y muchos otros. A destacar también las plazas medievales, de aquellas típicas de Assisi, con planta en X, las de Todi y de Gubbio - esta, sustentada por poderosos arcos modulares -, la extraordinaria explanada que lleva al duomo de Spoleto; sin olvidar las más pequeñas, pero bien resueltas plazas de Bevagna e Montefalco.

El renacimiento se inspiró alternativamente, además que en muchas obras menores, en la iglesia de S. Maria de los Angeles, en Assisi, y en la de S. Maria de la Consolazione, fuera de Todi, excepcional ejemplo de simetría central, pero que al mismo tiempo finaliza el ocaso del gran arte umbro pues, de este momento en adelante, la estrella naciente de la Roma de los Papas pasaría a atraer, de todo lugar del Estado de la Iglesia, los mejores talentos artísticos. No se debe de hecho olvidar que la Umbria fue patria de grandes santos, entre los más conocidos y venerados del catolicismo: San Francesco e Santa Chiara, cuyas enseñanzas compenetradas en la vida de Assisi y sus cercanías; San Benedetto, originario de Norcia; y Santa Rita, venerada en Cascia.

En resumen, procediendo a una no fácil selección recordamos las más significativas ciudades históricas de la Úmbria, especialmente Perugia, Assisi, Orvieto, Spoleto, Todi y Gubbio, seis verdaderas joyas por la preciosidad de sus obras de arte y conservación del tejido urbano medieval. Y también algunos centros altamente sugestivos y casi intactos en su apariencia medieval, como Narni e Spello.

Ciudad de la Pieve y Norcia son recordadas por sus particularidades: la primera enteramente construida en terracota, al paso que la segunda es un singular conjunto de murallas medievales y edificios neoclásicos. Y, todavía, más , eclécticos, pero igualmente fascinantes por la convivencia de construcciones de varias épocas: Trevi, Amelia, Bevagna, Foligno y Ciudad de Castillo.

Merece en fin ser citada como curiosidad la aldea de Cospaia, por el particular episodio que protagonizó . La época de la demarcación de las fronteras entre la Toscana y el Estado de la iglesia, en el siglo XV, se estipuló como línea divisoria en aquella zona el afluente Río Mas, debido a la presencia de dos cursos con el mismo nombre, entre los cuales se situaba Cospaia, se decidió para evitar desentendimientos el levante de condición de Estado autónomo, decoro que mantuvo hasta 1826.

 
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