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Martes, 7 de Setiembre de 2010
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Lugar de encuentro de varias culturas, esta región congrega arquitectura espontánea y refinada arquitectura barroca, enmarcada por una naturaleza espléndida.
La región de la Campania es una compleja unión de mar, islas, golfos, llanuras, valles y montañas, a lo largo de los siglos, fue ocupada por los Romanos, Bizantinos, Longobardos, Normandos, Suevos, Españoles y Borbones, cada uno con su propia historia y cultura. Pero por tener una costa rica en puertos en posición estratégica en el centro del mediterráneo, también era el polo de atracción de otras culturas, especialmente de la sículo-árabe. El resultado de estas múltiples influencias es extremadamente rica y diversificada, tanto que la región de la Campania es hoy un día, una región por ser descubierta.

Al norte, se extiende una amplia llanura conocida como Terra di Lavoro - la misma que los romanos llamaban de acuerdo con la definición del fenomenal poeta Virgilio, la Campania Felix-, delimitada por los arcos de las colinas de Matese, de Sannio y de Irpinia, junto a tortuosos y profundos valles. El Golfo de Nápoles, en el centro, es enmarcado por un collar raro de accidentes naturales: Las Islas de Ischia, Procida y Capri; el área de volcanes apagados Campiflegrei; y hasta hoy el activísimo Vesubio; con la majestuosa Costiera Amalfitana, con las célebres ciudades de Sorrento, Positano, Amalfi y Ravello. Definitivamente, al sur, además de la llanura aluvial del río al que franquea se elevan las colinas de Cilento, que moldean una ladera hasta hoy es de difícil acceso por mar, y están separados por la vecina área de Basilicata por un estrecho Vallo di Diano.

Los romanos arrebataron sin dificultad la planicie contigua del Lazio –con las ciudades de Baia, la provocativa Cuma, donde la sagrada sibila dio a conocer sus pronósticos; las paredes de la ciudad de Alife –tiene un característico trazado de ángulos rectos como monasterios romanos; el anfiteatro de Santa María di Capua Vetere, y un sin número de construcciones dispersas por toda el área. Pero, ya antes, los habitantes de la gran Grecia habían fundado en la llanura del río Sele, al sur, la importante colonia de Paestrum (el Poseidón de romanización del griego, ciudad de Neptuno), con el imponente templo del mismo nombre.

En la alta edad media, la región de la Campania fue dividida en un área bajo influencias bizantinas, que incluía Nápoles y sus alrededores y después fue una región autónoma, y la otra, en el interior, bajo el dominio de Longobardos, con la capital Benevento. Las construcciones de esa época se hacen principalmente en Capua, pero en memoria de los Longobardos también quedaron algunos nombres de poblados: Sant’ Angelo de Lombarda, Sant’ Agata de Goti, Pontelandolfo en principio del siglo XI, los Normandos, feudatarios de Aversa por méritos militares, iniciaron una lenta y despiadada conquista de Italia meridional y de Sicilia con la consecuente formación de un estado único que obstruyó la aparición de comunidades autónomas, tan comunes en otras áreas de la península, concentrándose el poder en las capitales, relegando a los pequeños poblados a funciones secundarias, francamente subordinados. La relativa estabilidad política permitió, por otro lado, la aparición de ciudades densamente habitadas y muy diferentes entres sí, cada cual con una expresión autónoma de su tradición popular y cultural: Caserta Vecchia, con sus casas oscuras y la catedral, mezcla de los estilos sículo-árabe y románico de Apúlia, Teggiano, ubicado sobre la cima dominante del Vallo de Diano, con sus monumentos de varias épocas; Sant’ Agata y Sessa Aurunca, con las magnificas Iglesias románicas situadas en el centro del poblado. La Campania está situada entre las fortificadas ciudades del interior, guardia Sanframondi y Vairano –uno de los sitios donde se desarrollan las sagas de Garibaldi-, Cusano Mutri y Eboli, poblados de Vallo, como Polla, Sala Consolina y Padula.

El dominio político quedó bajo los Suevos (1197), por ser el emperador Federico II hijo de la princesa francesa Constancia de Altavilla, y sobre todo los gobernantes que lo sucedieron. Los Angevinos, de Guelfa, vencedores de los Suevos, de gibelina, con el fin de aproximarse a Roma y al Papa, transfirieron la Capital de Palermo para Nápoles garantizándole los privilegios de las grandes ciudades, que perduraran intactos hasta la llegada de los Aragoneses (1442). También así inició el período de la gran expansión urbana, de la supremacía regional, del lujo y de la riqueza, del alto cultivo, de la inmigración muy pobre, que ha marcado por los siglos el destino de Nápoles. La ruptura entre la opulencia de la capital y la pobreza del campo todavía estaba expandida bajo el dominio extranjero de los españoles (desde 1503) y de los austriacos (desde 1707). Fue tomada bajo el poder de los Borbones, en la mitad de 1700, llevó a la construcción del imponente palacio real y de la ciudad de Caserta, esto dio renovado impulso al desarrollo de Nápoles, eso solamente alcanzaba para empeorar los problemas tradicionales de concentración de ganancias y división de clases. Definitivamente, con la anexión militar al Reino de Italia bajo Savóia, y la consecuente decadencia de Nápoles en su rol de Capital, sin más alternativas provocaron la decadencia de la región. En efecto una tradición local difundida en la costa (pero también en Caserta Vecchia y en bajo Lazio) que es uno de los campanarios de varios caminos –cada uno sostenidos por archivoltas-. A su vez, las influencias Normandas pueden ser notadas en Salerno y en la cúpula de Averse a un paso de la tradición bizantina, mantenida siempre viva y vital por la orden monástica los beneditos, alcanzó sus mayores efectos en la pintura y el mosaico.

El renacimiento encontró foco de propagación en el estilo catalán en Carinola y centros cercanos, pero la influencia española está totalmente presente en toda la región. Sin embargo, la verdadera explosión de la arquitectura de la Campania ocurrió en el período barroco que marcó indeleblemente cada centro urbano con nuevos edificios, en cuanto a la restauración de los ya existentes. Entre los pequeños poblados, son agradables ejemplos Piemonte Metese de fase y Airola, también interesantes Capua y Caiazzo.

Otro típico fenómeno de la región es el de la arquitectura espontánea, que tenemos ejemplos extraordinarios, por la fascinación y la dimensión, en ciudades grandes y pequeñas: casos únicos como los centros de Procida, o todos los centros de la Costiera Amalfitana, desde los más célebres, como los ya mencionados: Amalfi, Ravello, Positano y Sorrento, hasta los menos conocidos, como Cetara y lo Viteri. La Isla de Capri ocupa a su vez un lugar, por la excepcional fusión entre paisaje y habitad humano, para los placeres del ocio y del mundanismo que proporciona desde los tiempos del el emperador romano Fiberio – que de acuerdo con la leyenda dieron lugar a perversiones en esa Isla.

Otra singularidad es el minúsculo pueblo de San Leucio, aldea ideal creada para la utopía iluminista de los setecientos, y construida a voluntad de los Reyes el palacio real de Caserta de San Leucio.

A pesar de todo, muchos testimonios históricos han sido destruidos frecuentemente por los eventos naturales, como temblores, erupciones volcánicas, sismos, que fueron sucediendo alo largo de los siglos. Así también, los centros históricos de Irpinia, fueron arrasados por un sismo hace pocos años, no serán reconstruidos, considerándose definitivamente perdidos.

Como excepción de la regla, es atribuible al terremoto del siglo XVIII la reconstrucción de uno de los pocos centros planificados de la Campania, Cerreto Sannita, estos también ricos en las arquitecturas barrocas.
 
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