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Martes, 7 de Setiembre de 2010
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En un paisaje agrario, fuertemente marcado por el trabajo del hombre, se encuentran ciudades con grandes tradiciones: históricas, musicales y gastronómicas, ricas de dignidad y de notables obras de arte.
La Emilia-Romagna está dividida entre dos mundos la planicie y la montaña, y esta su doble alma es destacada por un recorrido de un eje vial de fundamental importancia: la romana Vía Emilia, que la cortan en la diagonal. Al norte, se extiende en el margen derecho del río Po una amplia y fértil llanura; al sur, la cadena de los Appennini, alternándose amplias y suaves colinas con laderas empinadas, hasta formarse una sucesión de cumbres tanto al oeste en el límite con Liguria, como al este, del lado de la Romagna, esta, por su parte, confinada al este con el largo y bajo arenal de la costa del mar Adriático.

Habitada desde la antigüedad por los Ligues y por los Umbrios, y después por los etruscos, la región sufrió la invasión de los Galos Ox, que la dominaron en buena parte, hasta que todas esas poblaciones fueron dominadas por la conquista romana. Entre los siglos V y VI, con el imperio bajo las influencias de los bárbaros, Emilia adquirió importancia gracias al rol de Ravenna, en la actual Romagna, como la capital del imperio romano de occidente y sede de los últimos emperadores en Italia, hasta la definitiva prevalencia del Imperio Romano de Oriente y de su capital Bizancio – q perduró por casi mil años, hasta la caída final del imperio bizantino por mano de los turcos otomanos, en 1453.

En la segunda mitad del siglo VI, los longobardos quitaron el dominio de los territorios del oeste, con Reggio E, Parma y Piacenza de Esarcato romano-bizantino. Después de el año mil, se diseño una nueva configuración política, porque las ciudades fueron eximidas de poco a poco por el poder feudal, sustituyéndolo por lazos con los varios despachos locales. Esta nueva dinámica llevó a la era de las comunidades, que se fortalecieron en la primera mitad del siglo XII. El agotamiento de esta experiencia, causó una involución tanto política como económica, pues para mucha familias principescas, como los D’Este en Ferrara, los Visconti – y después los Farnese- en Parma y Piacenza, los Malatesta en Rímini, si, por un lado, favorecieron el florecimiento de las artes, por el otro a través de pesados impuestos le hicieron daño a sus súbditos, creando hiato entre instituciones y la ciudadanía, que permanece hasta hoy como una línea de carácter nacional. Al final de los quinientos, la iglesia estadal logró reconquistar el territorio de Ferrara, dejando al familia D’Este sólo el ducado de Parma y Piacenza, hasta entonces bajo los Farnese, pasó al reinado de los borbones y, con la llegada de Napoleón y su esposa María Luisa de Austria, la cual lo mantuvo después de la restauración post-napoleónica por el Congreso de Viena. En 1860, Emilia-Romagna, finalmente unificada, paso a hacer parte del Reino de Italia.

Los primeros poblados de alguna importancia remontan a la época pre-romana, pero fueron los Romanos a incidir más profundamente en el ambiente, fundando nuevas ciudades en los valles, abriendo grandes carreteras y dividiendo –conforme su practica ya aplicada en otras regiones como la actual Lombardia – el territorio “en siglos”, dadas en usufructo a los colonos (en buena parte, los propios exsoldados de las legiones), que allí se establecían. En el inicio del siglo V, Rabean importancia como capital del Imperio de Occidente, enriqueciéndose así de monumentos y obras de arte, como las magnificas basílicas, los monasterios, mausoleos y, especialmente, los extraordinarios mosaicos dorados - después herederos por el mundo greco-bizantino-ortodoxo del Imperio de Oriente. La posterior dominación de los Longobardos, sobre poniéndose a la hegemonía romano-bizantina, llevó al fraccionamiento de las propiedades rurales y a la descentralización del sistema económico.

En la Edad Media, los núcleos de agregación urbana fueron principalmente los castillos y las Iglesias parroquiales, siendo los primeros en surgir en localidades altas y de difícil acceso, con las funciones de vigilar y defender: entre los ejemplos más notables están Brugnello Val Trébbia, Rocca di Bardi y Rocca di Lerma. El campo fue por su parte reorganizado en una red de parroquias (“pievi”), pequeños centros religiosos también con la función de circunscripciones civiles; además de contemplar las grandes ordenes de monasterios, también con importancia cultural (Bobbio, Chiaravalle, Nonantola, Pomposa), al paso que los Appenini, entre los siglos XII y XIV, surgieron numerosas aldeas en las costas de los valles. La época de las Comunidades dio impulso a la expansión de las ciudades, que tuvieron grandes murallas defensivas, creada esta infraestructura para la vida civil y comercial, y levantadas nuevas y representativas construcciones, como las grandes catedrales románicas (Duomo de Modena e de Parma, e catedrales de Piacenza e de Ferrara), y los palacios de las comunidades. La expansión demográfica resultante de este periodo de intenso desenvolvimiento económico y social, llevo al surgimiento de nuevos poblados en las áreas enriquecidas alrededor de las grandes ciudades. Este, generalmente con aspecto rectangular y calles ortogonales, fueron a su vez cercados por murallas y recogen el excedente de la popularidad urbana: ejemplos de esta fase son: Castelfranco, Rubiera, Novi, S. Ilário, Finale, Cento, Reggiolo.

A lo largo del tiempo, fueron tomando forma los diferentes modelos de ocupación urbana: las ciudades reales, como Carpi, Guastalla, Mirándola, que florecieron en el periodo del renacimiento y representan un prospecto monumental, con grandes plazas y palacios; las plazas-fortalezas de origen feudal(difundidas sobretodo en la Romagna y en Apenino norteño), como Vigoleno y Castell’ Arquanto, apostadas alrededor de los castillos con evidente servicio estratégico-militar; los centros agrícolas de la planicie, que en la región del norte se acumulan alrededor de importantes vías de la estructura (o malla) ortogonal de las ""centurias"" romanas (Solarolo, Massa, Lombardia, Bagnara, Cotignola), en cuanto al sur están mas distribuidos a lo largo de los ríos (Villanova, Godo, Bagnarola); los burguesía renacentistas, apareció en el año quinientos en acuerdo con las nuevas teorías de perspectiva territorial de aquel periodo, como Cortemaggiore y Terra del Sole (esta, fundada por los Médici de Florencia); las aldeas de pescadores, muy caracterizadas en lugares como Comacchio, -vinculada a los modelos de la vecina laguna Veneta-, Cérvia y Cesenático; y, finalmente, los poblados rurales en piedra característicos de la zona apénica, construidos con chapas de pizarra sobrepuestas sin argamasa (por ejemplo Montecreto, Fanano, Ceresola, Roccaprebalza, Lago).

A pesar de la adversidad, en la mayoría de los Centros de Emilia-Romagna es posible encontrar elementos en común, como la extensa presencia de pórticos de las mas variadas épocas, debido a las necesidades de una economía agrícola-comercial; el uso predominante de techos en arcilla, realzando la homogeneidad del conjunto de las edificaciones; y sobre todo, el gran número de teatros líricos (entre todos, el teatro Farnese de Parma).
 
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