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Acrópolis megalíticas de orígenes enigmáticos, caminos etruscos tallados en el tufo, iglesias románticas ricas en afrescos, fuentes barrocas… todos estos brillan sin ser ofuscados por la belleza de la capital.  |
La historia de Lazio, y de las vicisitudes de su desarrollo urbano, podrían
ser fácilmente separadas de las de Roma y el resto de la región,
que por más de dos milenios se alternaron y entrelazaron.
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Los primeros habitantes de las áreas meridionales y orientales fueron
pueblos itálicos, en cuanto a los Etruscos, de origen hasta hoy desconocido,
ocuparon el norte. En el centro, surgió Roma (convencionalmente en
el 753 A.C.), la cual rápidamente ganó la supremacía,
sometiendo a todo Lazio (Siglos III – II A.C.). Con esto, las actividades
de construcción, que antes se extendían a toda la región
(como llenos por los chados etruscos y los ciclópeos restos de murallas
itálicas), pasó desde entonces a concentrarse casi exclusivamente
en Roma. Y solo en la alta Edad Media, después de la caída
del Imperio y de su capital, la región volvió a tener un auge
importante, con la aparición de decenas de centros agrícolas
y la expansión de otra gran cantidad de poblados. |
Entre tanto, desde el siglo VIII, con las donaciones de los Francos al Papado,
venía tomando forma el Estado de la Iglesia, que sin embargo ejercía
un poder todavía débil, dejando amplia autonomía a
las Comunas, por lo menos hasta el regreso del Papa del exilio de Avignon
(1.377). Desde ahí en adelante, los feudos y muchas señorías
de la región entraron en una franca decadencia, que llegó
a su fin en el siglo XV, cuando todo el desarrollo urbano volvió
a concentrarse en Roma, permaneciendo así hasta el fin del Estado
de la Iglesia y su anexo al Reino de Italia (1.870).
De hecho, solo el fascismo, en su gran apogeo, antes de la II Guerra Mundial,
ejecutó una serie de obras en el territorio, saneando las áreas
pantanosas al norte y sur de Roma, creando centros agrícolas y fundando
nuevas ciudades, que dieron lugar a una fuerte inmigración de campesinos
del centro-norte de Italia, especialmente del Veneto.
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Si Roma fue el centro de la urbanización, la región es al
mismo tiempo una sucesión de extraordinarios ambientes naturales,
que fueron determinantes para la localización y el tipo de asentamientos
humanos.
Así, al norte, la Túscia lacial antiguo territorio de los
Etruscos, es uno de los lugares más bellos y fascinantes de Italia,
hecho con colinas de cal, de profundos desfiladeros excavados por torrentes
tortuosas, de vegetación baja y verde, de pueblos sin tiempo que
se rebelan de improviso, anidados en lo alto de los montes: creando un escenario
tan típico, que llega al punto de ser llamado “Posición
etrusca”. En realidad, los centros más aislados y de difícil
acceso, se remontan a los Etruscos (los cuales no fueron tocados por los
conquistadores romanos), pero su aspecto actual es del Alto Medioevo, de
una Edad Media pobre, primitiva, románica, hechas con casas de tufo
que se confunden con el ambiente. |
Muy diferente es el paisaje de los lagos de origen volcánico, pues
en los casi perfectos conos de los antiguos volcanes, hoy llenos con el
agua de los lagos de Bolsena, Vico y Bracciano, crece una mata intricada
y escasean los pueblos: aquí también, en su mayoría
son de origen medieval, porque fue en estas costas donde los habitantes
buscaron refugio contra las invasiones de los bárbaros.
Debe ser recordado, todavía, el Lazio apenínico del este al
sur de Roma, con sus villas en lo alto de los montes, algunas hoy todavía
pobres y aisladas, otras ricas en suntuosos parques y mansiones: como en
Tivoli, la monumental Villa D´Este (construida en la segunda mitad
del siglo XV por decisión del cardenal Hipólito II d´Este)
y Villa Adriana, magnífico complejo arquitectónico construido
por mandato del emperador Adriano, siguiendo una simbología hermética
hasta hoy poco descifrada; y todavía más al sur, Frascati.
Otro paisaje característico es el de las planicies rasas, saneadas,
como se ha dicho, por el fascismo, en el extremo sur de la región
(Agro Pontino), donde todavía sobreviven algunos de los pantanos
costeros originarios. |
Cortando la región por la mitad, del norte al sur, pasando por Roma,
corre el mitológico Río Tibre, de curso amplio, lento y sinuoso;
por siglos insalubre aunque a pesar de eso, siempre es aprovechado como
principal medio de ingreso al interior, con sus numerosos atracaderos que
sirven a los pueblos de las colinas (como Gallese).
A lo largo de la costa del mar Tirreno, al contrario, por causa de las costas
bajas, siempre escasearon los buenos puertos, así, además
de Óstia (el puerto de la antigua Roma, hoy enterrado a 20 km. del
mar) tiene solo a Civitavecchia, al norte, y a Gaeta al sur; en cuanto a
las otras costas, son recientes y con fines predominantemente turísticos. |
Finalmente, hay 2 partes de Lazio que siempre estuvieron ligadas a la Italia
meridional y al Reino de las Dos Sicilias: el área montañosa
de Rieti, al nordeste de Roma, limitando con la región de los Abruzzi
(tanto que se llama “Abruzzo ultra”), y que muestra claramente
su influencia; y el Lazio Meridional, un área de montes bajos al
sur del eje Sora – Terracina, definida como “Lazio Campano”
por causa de las plantas de las ciudades y del estilo de la arquitectura,
y por haber formado parte durante siglos, de la Tierra del Trabajo del Reino
de Nápoles.
De los Etruscos, que privilegiaron la creencia en la vida después
de la muerte, llegaron hasta nosotros numerosas necrópolis de configuraciones
variadas, como en Tarquinia, Cerveteri y Norchia; en cuanto, como se ha
dicho, nada quedó de sus ciudades. También son raros los restos
de otras ocupaciones prerromanas.
Los Romanos, al contrario, influyeron fuertemente en la región, desarrollando
la capital y sus áreas limítrofes, abriendo un abanico de
arterias de comunicación saliendo de Roma (las vías Appia,
Aurélia, Cássia, Flamínia, Salária, Tiburtina,
Tuscolana…), y poblando los centros preexistentes. Fuera de Roma,
sin embargo, sus marcos hoy sobreviven solo en algunas ciudades a lo largo
de la Vía Appia, para el sur, como Terracina y Fondi, y en algunos
edificios. |
Todavía más rica es la historia urbanística medieval
que, a diferencia de la antigua, se esparce en un sinnúmero de ejemplos,
que llegan a ser menores o incluso mínimos, convirtiéndose
en un periodo único de la historia de Italia. Así, varios
centros urbanos redescubrieron las antiguas acrópolis prerromanas
(haciendo de ellas el núcleo del desarrollo urbanístico) y
algunas veces también las ciclópeas murallas: como en Anagni,
Ferentino, Alatri, Segni y Veroli, todos al sudeste de Roma.
En el Lazio, también son incontables los castillos, construidos para
la defensa de cada feudo en una región solo nominalmente unitaria,
siendo que cada castillo estaba unido a un burgo: en Bracciano como en Soriano,
en Bomarzo como en Bolsena, en Rocca Sinibalda como en Palombara Sabina
y Fumone. Otros ejemplos de pueblos medievales son: Sermoneta, con su famosa
abadía, Ninfa, Sperlonga, Gaeta y Formia.
Durante el Renacimiento, al contrario, escasearon las iniciativas urbanísticas,
excepto en casos espacialísimos. En este sentido, deben ser recordadas
la nueva Ostia y la ampliación de las murallas de Neptuno, ambas
por razones de defensa de la costa y, por lo tanto, para la mayor protección
de Roma. |
Una historia a parte tienen la ciudad y la provincia de Viterbo, al norte
del Lazio, gracias a la presencia del Ducado autónomo de Castro,
surgido en 1.535 bajo el Papa Paolo III Farnese, y que duró por más
de un siglo, hasta 1.649. En él, los Farnese llamaron para trabajar
a 2 arquitectos de renombre: Sangallo el Joven y Vignola, que dejaron en
muchas refacciones y ampliaciones la marca de su estilo manierista. Si Castro
cayó, e Inocencio X la hizo destruir, las grandes obras continuaron
en las vecinas Caprarola, Ronciglione, Soriano y el nuevo burgo y jardines
de Bomarzo, con sus grotescas esculturas en piedra. Además de que,
palacios, castillos y fuentes de los mismos arquitectos adornan todos los
centros a la redonda.
Otro caso aparte es el de Tuscánia, que en el Quinientos adquirió
un perfil renacentista, pero que quedó mucho menos original que el
centro medieval, tanto que fueron abandonados barrios enteros de la época,
incluso ya en la construcción de las murallas, como huyendo de las
ruinas de alrededor de la iglesia de San Pedro. Entretanto, entre 1.585
y 1.590, Sixto V realizó en Roma, en pocos años de pontificado,
un extraordinario plano urbanístico, abriendo caminos rectilíneos
entre las principales basílicas, en cuyas extremidades mando a colocar
obeliscos con el fin de resaltar la perspectiva. Contemporáneamente,
ocurrió la primera gran sistematización de las plazas, como
la plaza Farnese y la de Campidoglio, esta segunda obra de Miguel Ángel.
Una época mayores intervenciones urbanísticas fue el Barroco,
cuando en Roma se realizaron los más representativos proyectos de
la historia de la arquitectura: de la plaza de San Pedro a la plaza Navona,
de la plaza de España a la plaza del Pueblo, es decir, la Roma monumental
que todos conocemos y que a todos nos encanta. |
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