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Martes, 7 de Setiembre de 2010
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Esta es una región que desde siempre ha sido abierta a las ideas, acontecimientos y con una población en continua evolución. Esta tierra se caracteriza por el dinamismo, el trabajo y las realizaciones concretas.
Lombardía, cuyo nombre deriva del término medieval Longobardia (que indicaba a la parte de la península que estaba bajo el dominio de los Longobardos), es la región más poblada e industrializada de toda Italia, y por lo tanto, la que pasó por las más amplías y visibles transformaciones. Su territorio está delimitado al oeste por el Río Ticino, al este por el río Mincio y el lago de Garda, al norte por los Alpe y al sur, por el Río Pó. De norte a Sur se distinguen 3 fajas geográficas: la alpina, en la cual se abre el valle inferior del Río Adda; la de colinas, que incluye zonas características como Brianza y su dulce relieve, los alrededores de la ciudad de Varese, y Franciacorta con sus renombrados viñedos; y por fin, la gran planicie del Pó. La región está cortada de norte a sur por importantes ríos como el Ticino, Olona, Adda, Oglio, Sério y Míncio, todos ellos afluentes del río Pó, y que dan origen al más espectacular collar de lagos de Italia: desde el oeste al este, los lagos Maggiore, Lugano, Como, Iseo y Garda.

Catedral de Milão, o mais celebrado monumento da Lombardia
En esta región se desenvolvió una extraordinaria historia urbana, ya que sus ciudades fueron fundadas siguiendo la geografía del lugar: de esta manera Varese, Como, Bergamo y Brescia están localizadas en el pié de los montes; la capital, Milán, está en el centro de la planicie; mientras que Pavia, Cremona y Mantova se construyeron en la confluencia de sus ríos con el Pó.

La primera urbanización real de la región se debió a los Romanos, quienes, siguiendo sus costumbres, dividieron la planicie en “centurias”, dando la propiedad a los privados. Hoy en día, señales de su paso permanecen tan solamente en las localidades de Como, Pavia, Brescia y en menor escala, de Milán, Cremona y Vimercate. En cuanto a las áreas rurales de Cremona y Pavia, son todavía reconocibles algunos trazos de las divisiones en “centurias”.

Con el fin del imperio romano, tan vasta y rica planicie se convirtió en un paso fácil y agradable para las invasiones de los bárbaros, que se sucedieron por casi 3 siglos, hasta la victoria final de los Carolingios (774).

La era de los Comunes (Silgo XI-XII) y las sucesivas señorías de los Della Torre (o Torriani), noble familia milanesa que estuvo en una larga lucha contra los Visconti, que prevalecieron en 1.277 y de los Sforza (1.450), introdujeron transformaciones casi solamente en las ciudades principales. Lo mismo ocurrió con las dominaciones extranjeras, que iniciadas con los franceses, llamados por los Sforza a fines del Cuatrocientos, continuaron por vía hereditaria con los españoles y austriacos (1.706): todas ellas contribuyendo a la prosperidad de la nobleza y de la alta burguesía lombardas, con el apoyo a sus actividades y negocios.

En la Edad Media surgieron aldeas rurales con la finalidad de acercar a la casa con los lugares de trabajo, resultando una urbanización maciza, que permaneció en el tiempo como trazo fundamental de esta región. En Lombardía, faltan de hecho ciudades fundadas “ex novo” (tan importantes en el Piemonte, Veneto y Toscana) porque en cada centro que necesitara expandirse o fortalecerse, ya preexistía un núcleo rural, frecuentemente asentado alrededor de los muchos castillos existentes.

Así, la típica ciudad lombarda está constituida por un núcleo rural (algunas veces con dimensiones de pequeña ciudad o de gran comunidad autónoma), alrededor de las cuales se yerguen villas patronales y sus jardines (construidas en las grandes propiedades, a partir del Siglo XVII, cuando la región unificada comenzó a gozar de la tranquilidad política y social), todo posteriormente englobado en áreas residenciales o recintos industriales.

En Lombardía permanecieron 3 áreas diferentes entre sí: aquella que estuvo sujeta a Venecia (con las ciudades de Bergamo, Brescia y Crema) de la que guarda varias características en cuanto a sus construcciones; la de Valtellina, durante mucho tiempo unida al suizo Cantón de los Grisones, como se evidencia en Chiavenna y en los otros centros del valle, que forman una unidad específica; y por último, el área de Mantova, que mantenida como un estado autónomo bajo los Gonzaga, desarrolló su propia arquitectura, que puede ser admirada, además de Mantova en otras fabulosas ciudades del ducado (en primer lugar Sabbioneta, y después Pomponesco, Castiglion dello Stiviere, Gonzaga, etc.).

En los Ochocientos asistió a su primera gran transformación industrial, con los más variados complejos surgiendo a las márgenes de los ríos para aprovechar la energía hidráulica (típicos en este sentido son los valles de los ríos Olona y Adda), o con las primeras fábricas construidas por la elite emprendedora, algunas veces en los jardines de sus casas de campo. De estos primeros pasos se llegó a la explosión demográfica, industrial y comercial del último medio siglo, causa de los profundos cambios en la ciudades y en el territorio, que hasta hoy presenciamos.

De esta forma, los centros históricos se conservaron en pocas ciudades mayores (como Bergamo, Pavia, Cremona, Mantova y Vigevano) y en algunas ciudades menores (Crema, Lodi, Voghera), pero muchas joyas necesitan ser filtradas en localidades fuera de las rutas golpeadas.

De hecho, fue en los valles donde mejor se han conservado las características originales de sus urbanizaciones. En este sentido, llaman la atención todas las aldeas de Valsabbia y de muchos valles secundarios de Valtellina, como por ejemplo Spriana y sus facciones (Scilironi y Malveggia), y la primitiva villa de Pescarzo, en cuanto a Cornello dei Tasso, fue durante los siglos pasados el típico lugar de descanso, a lo largo de un camino de montaña.

También algunos centros rurales de la planicie conservaron intacto su medio ambiente, como Castelponzone, en la provincia más agrícola de Lombardía, la de Cremona y los numerosos centros en las provincias de Mantova (como Marengo) y de Pavia (Corteolona).

Otros significativos ejemplos de conservación subsisten en los pueblos a lo largo de la costa de los lagos, como Bellagio, ubicado en el Lago Maggiore, el cual armoniza con el centro habitado con magníficas villas y parques suburbanos; o todavía Saló y Limone, en el lago de Garda, con sus trazos de arquitectura veneciana. Otros albergan a aldeas de pescadores, como Pescarenico, citado por Manzoni, hoy todavía dentro del área urbana de Lecco; o Mandello do Lário, con sus casas con pórticos, y Varenna. Los valores ambientales están también presentes en los burgos de Laveno, Luino, Maccagno, Monte Isola.

Otra serie de pequeños centros bien conservados, está constituido por los pueblos fortificados de la planicie, siendo la dupla Soncino-Orzinuovi la más representativa del complejo sistema de fortificaciones levantado a lo largo del Río Oglio, en la frontera con el estado de Venecia (de la cual formaba parte también Chiari, en la retaguardia de la ciudad de Brescia. En el área que antiguamente estaba bajo el domino de Venecia, se encuentran todavía las románticas villetas de Castellaro Lagusello, Móniga, Padenghe, Lonato, todos ellos cercados por muros de guijarros; en cuanto a que Pizzighettone es un ejemplo extraordinario, todavía poco conocido, de un sistema de murallas que funcionaba para la defensa de unos pocos núcleos urbanos planificados.

Entre las grandes obras de fortificación, también pueden ser recordadas las pequeñas ciudades de S. Colombano, Trescore, Martinengo y Romano da Lombardia. Sin embargo, 2 ejemplos son los que sobresalen: el de Castiglione Olona (del Cuatrocientos) y el de Sabbioneta (del Quinientos), debido a que ambas fueron pensadas y realizadas como pequeñas señorías autónomas.

Una última categoría de pueblos más recientes y mucho más típicos de una región fuertemente industrializada, es el de las villas operarias, entre las cuales el ejemplo más notable es el de Crespi d´Adda. Finalmente, no podemos olvidarnos de las grandes obras de saneamiento del Ochoscientos, ni de las reformas urbanísticas de la época del fascismo que, una vez más, se interesaron solo en las grandes ciudades, sin alcanzar a las menores.

 
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